El 9 de julio de 1811, pocos días después de la firma del Acta de Independencia, el Claustro Universitario se reunió para dar respaldo al manifiesto independentista.

El próximo 22 de diciembre, la Universidad Central de Venezuela arriba a sus 300 años. A un mes de tan memorable celebración, UCV Noticias inicia una serie de publicaciones para destacar, a través de algunos grandes hitos, el papel que ha cumplido la primera casa de estudios del país en la historia de Venezuela.

Iniciamos esta serie con una recopilación de las acciones realizadas por la comunidad universitaria en el marco de la lucha por la independencia, la gran guerra que se libró contra España a inicios del siglo XIX.

Esta lucha abarcó un período ubicado entre 1810 -1830 y se caracterizó por la ruptura de las Provincias Unidas de Venezuela con España y la creación de la República. Fue uno de los principales periodos en los cuales la UCV se involucró en la política del país.

Según relata el historiador Alberto Navas Blanco, profesor de la UCV, el conflicto emancipador que abarca para Venezuela el periodo entre los años de 1810 a 1821, comprometió a la UCV, para ese entonces conocida como la Pontificia Universidad de Caracas, a liderizar un proceso civil que «se desarrolló principalmente como un movimiento reivindicador de la soberanía venezolana».

Fue así como en la sesión del Claustro Pleno Universitario del 09 de julio de 1811 la Universidad de Caracas se incorporó a reconocer y respaldar “la independencia absoluta de la Provincia de Venezuela de toda otra potestad que no emane de la voluntad libre y general de sus pueblos”.

Como es sabido el Claustro era el organismo superior de gobierno de la Universidad, tanto en lo académico, como en lo disciplinario, administrativo y económico, funciones que se complementaban con las del llamado Claustro de Consiliarios. Siendo en las sesiones del Claustro Pleno donde se decidían las cuestiones de trascendencia como: Gracia y Justicia, elección del Administrador (Mayordomo), los Bedeles, Maestros de Ceremonia y el Secretario; así como la elección del Rector desde 1784. También era importante el papel del Claustro en materia de pronunciar la opinión de la Universidad en relación a problemas de la situación política, cultural, social y económica de la provincia y luego la República de Venezuela, por tratarse la Universidad del organismo cultural e intelectual de mayor importancia de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX.

Se pasa así desde la actitud conservadora de apoyo a los derechos de Fernando VII (en representación del reino de España) que se observó el 19 de abril en 1810, hasta el apoyo a la declaración plena de la independencia republicana del 5 de julio de 1811.

Primer folio del Acta Solemne de la Independencia, en el Libro de Actas del Congreso de 1811. Foto Papeles e Historia de Venezuela, @HistoriaPapeles

Esta declaración a favor de la independencia, reposa en un Acta que se encuentra en el Archivo Histórico de la UCV. Su valor jurídico y político llevó, el 30 de septiembre de 1812, a que el Capitán Domingo Monteverde, jefe militar de las fuerzas realistas que reconquistaron Caracas, presionara al Claustro universitario para tachar de sus libros el contenido pro independentista del Acta.

De esta forma, en palabras de Navas, «la Universidad puso sus hombres: estudiantes y catedráticos, sus espacios: la Capilla y las aulas universitarias, y su opinión institucional a favor de la causa republicana, liberal e independiente. Todo ello a un elevado costo en vidas, cárcel y exilio».

El manejo del gobierno universitario a través del Claustro Pleno se realizó por medio de la presencia activa de 98 miembros, entre doctores y maestros. Cabe resaltar que -aun en esa época- hubo pluralismo de ideas, pues algunos universitarios, en particular, sostuvieron opiniones contrarias a la emancipación y asumieron el proceso con «recelo, prudencia, institucionalidad y crítica al radicalismo patriota».

Se resalta además el hecho de que la casa de estudios no detuvo el cumplimiento de sus actividades académicas, egresando entre 1811 y 1821 la cifra de 225 graduados, «contrastando con ello con la mayoría de las universidades hispanoamericanas que permanecieron cerradas durante las fases más agudas del conflicto emancipador».